Pastel de choco banana, mi “happy dish”

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Hoy, 13 de septiembre, se celebra el “Día Internacional del Chocolate” y aunque lo ideal sería festejar con una barra de chocolate amargo de calidad, hay muchas otras formas de disfrutar del cacao, como en este sencillo pastel de choco banana que se elabora a partir de un pan rápido.
Si bien no todos los panes rápidos funcionan como bizcocho para un pastel, por fortuna, mi receta de panqué de plátano sí puede convertirse en la base de un adictivo pastel de chocolate.
Sólo hay que sustituir algo de  harina por cacao en polvo y añadir textura a la masa con un puñado de nueces o chispas de chocolate. Después, rellenar o cubrir el pan con un glaseado de chocolate y ¡voilà!l Tendremos un delicioso postre, perfecto para la merienda de un sábado o celebrar un cumple en petit comite.
El pan de plátano, simple y fácil de preparar, es también el “happy dish” de mi familia y no esperamos ninguna ocasión especial para disfrutarlo. Basta con que haya plátanos muy maduros en la cesta para hacerlo.
Sin embargo, cuando hay que celebrar un cumpleaños en familia o en confianza, lo convierto en este pastel de choco banana.
Y no, no es una receta para niños. Es nuestro “happy dish” llevado a su siguiente nivel.
¡Les encantará!
Ingredientes para el pan de plátano:
  – 2 tazas de harina común.
⁃ pizca de sal.
⁃ 1/2 de taza de cacao en polvo.
⁃ 2 1/2 plátanos bien maduros y hechos puré.
⁃ 1 cucharada de bicarbonato de sodio.
⁃ 1 1/2 tazas de azúcar.
⁃ 1/2 taza de aceite vegetal.
⁃ 4 huevos
⁃ Un puñado de nueces o chispas de chocolate
Mezclar y cernir ingredientes secos. Juntar líquidos y sólidos. Incorporar el puré de plátano y nueces. Hornear a 180 grados. Dejar enfriar por completo.
Ingredientes para el Glaseado de chocolate (cobertura):
– 100 ml. de agua.

– 100 ml. de nata líquida (crema Lyncott para batir).

– 120 gramos de azúcar.
– 50 gramos de cacao en polvo.
– 2 hojas de grenetina.
Calentar el agua a fuego medio. Incorporar el azúcar. Mezclar hasta disolver y convertir en almíbar. Añadir la nata y disolver bien. Añadir el cacao hasta lograr una mezcla homogénea y sin grumos. Incorporar la grenetina previamente hidratada. Quitar del fuego y esperar a que la mezcla baje su temperatura a unos 35 grados. Glasear el pan y decorar al gusto. ¡Que lo disfruten!

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Coliflor a la parmesana

La coliflor, igual que su pariente el brócoli, es una de esas verduras con las que no se puede tener una relación a medias. La amas o la odias.

Por años, su aparición en la cocina se limitó a los caldos, cremas y encurtidos. Hoy es una sensación en Instagram, especialmente en sus versiones de “Cauliflower Steaks”, “Cauliflower rissoto” y “Cauliflower mash”.

Gracias a la ola vegana, low carb, healthy y anexas, actualmente es un alimento de inspiración para grandes cocineros, como el chef español Quique Dacosta, quien lo sirve en su restaurante de Alicante como “Arroz de coliflor, mollejas de oveja Guirra y boletus del Maestrazgo”, pero también lo cocina para sus hijos como una sopa, únicamente con mantequilla, agua y pimienta, procesándola en la Thermomix. Un plato que él llama “Crema de nieve” debido a su blancura.

He experimentado varias veces con el risotto de coliflor y la verdad que es que resulta buenísimo. A veces, también la proceso hasta obtener un “granulado” para mis ensaladas, dándoles así un toque crocante.

Aunque la coliflor tiene un sabor definido –algo terroso y almizclado–, es un alimento muy versátil que puede disfrutarse crudo, al vapor, crocante o muy cocido como para puré. Dependiendo del grado de cocción, su sabor se debilita o intensifica y obtiene “tonalidades” diferentes.  Por ejemplo, cocida al vapor rápidamente pierde algo de sabor. Pero, sí se asa o fríe, alcanza un toque “picante”.

A mí gusta en grado crocante, a medio cocer. Pero también cuando está muy cocida, casi como puré.

Hoy les dejo una receta que me compartieron mis amigos de @saborYcaracter. Aquí, la coliflor se une al queso, uno de sus mejores aliados con el que su propia dulzura se intensifica. Y si es con un Parmigiano Reggiano de alta calidad como los que ofrece esta marca de quesos en @MarcheDumas sobre la calle Alejandro Dumas, en Polanco, pues qué mejor.

Este plato fue desarrollado por la chef Alexandra Rendón, quien imparte un curso de cocina con quesos en el espacio Studio Gourmet.

Es súper fácil. Sólo recuerden usar ingredientes de alta calidad.  Chequen que su coliflor no tenga manchas. Debe estar de un blanco níveo porque ello significa que está en su punto. Lo mejor es comprarla en el mercado, de mañanita.

COLIFLOR A LA PARMESANA

Ingredientes:

1 Coliflor en rebanadas

1 Cebolla en rebanadas finas

250 g de queso parmesano reggiano de Sabor y Carácter

1 Taza de vino blanco

Sal y pimienta

Mantequilla

Modo de preparación:

  • Untar una cacerola o sartén profundo, generosamente con mantequilla.
  • Acomodar al fondo la coliflor.
  • Colocar encima la cebolla y salpimentar.
  • Espolvorear con el queso. Repetir las capas que sean necesarias.
  • Colocar por una orilla la mitad del vino.
  • Prender el fuego, cubrir y cuando hierva, bajar el fuego a lo mínimo y cocinar durante 40 minutos.
  • Añadir el resto del vino, cubrir y cocinar durante 40 min más.

¿Qué les parece? Perfecta para la comida del sábado con los amigos. Buen provecho.

¡A disfrutar!

Corona rústica de café con nueces

En una reciente visita a la Gandhi, me topé con un libro bellamente ilustrado acerca de la cocina de La Toscana.

No pude resistir la tentación y lo compré con la justificación de que con las recetas ahí descritas consentiría a mi familia.

El libro, titulado sencillamente “La Toscana” (Editorial Phaidon), es un paseo culinario por las diferentes provincias de esa región emblemática de Italia en la que convergen de forma espectacular una naturaleza privilegiada, el arte, la arquitectura y la gastronomía.

Florencia, Pisa y Siena -sitios en los que dejaron su obra genios de la talla de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci- son representados en el libro con platos como la clásica “Sopa de tomate con pan” o el “Zuccotto”, la “Torta della Nonna” y las “Alubias con verduras.”

Aunque no he podido replicar más que la receta que llamó mi atención desde la primera hojeada, sé que el libro promete mucho porque mi “Corona rústica de café con nueces” resultó fácil de preparar, deliciosa, diferente y muy apropiada para ofrecer una tarde de amigos, especialmente a los amantes del café.

De acuerdo con la ficha descriptiva, esta corona es propia de Livorno, un pueblo pesquero en la costa de Liguria, que si bien es reconocido por sus platos del mar, también ofrece cocina sencilla a base de productos locales, en este caso, del café y las semillas.

Su textura es esponjosa y crocante a la vez, debido a los trozos de nuez. Por si fuera poco, seduce antes de comerla pues su aroma es tan fragante como el de un café recién hecho.

La receta no lo indica pero a mí se me ocurrió añadir a su superficie un glaseado de café para volverla aún más adictiva.

Si aman el café, preparen ya esta delicia. No se arrepentirán.

Hummus (Crema de garbanzos)

La primavera es la estación ideal para organizar reuniones informales con los amigos sin que la preparación de los alimentos sea un motivo de estrés.

Me encanta recibir a mi familia y amigos con una mesa compuesta por diferentes platos sencillos y vistosos en la que nunca falten ensaladas o vegetales, quesos, carnes frías y un delicioso hummus para untar en galletas tipo cracker o verduras crudas.

El hummus – o crema de puré de garbanzos con tahini, jugo de limón y aceite de oliva- es un plato propio de la gastronomía del Oriente Medio que en esa región suele servirse como desayuno. En Occidente se ha popularizado como un entremés que se ofrece con triángulos de pan pita horneado.

En mis reuniones nunca falta uno, no sólo porque es delicioso , también por ser rico en proteínas y grasas saludables.

Por años lo compré en el supermercado, pero hoy que sé cómo prepararlo, tan fácil y rápido, no pienso volver a comprar uno.

Les comparto una receta básica.

Ingredientes:

1 lata de garbanzos cocidos (200 gramos)

Ajonjoli (5 cucharadas)

1 limón grande (el jugo)

Agua

Perejil o cilantro picado fino

Sal

Aceite de oliva (5-6 cucharadas)

Procedimiento:

Escurrir los garbanzos y enjuagarlos bien bajo el chorro de agua, retirándoles la piel.

En una sartén pequeña dorar el ajonjoli a fuego bajo por 10 minutos revolviendo de vez en cuando para que no se tueste de más.

En una licuadora potente, mezclar el ajonjoli caliente con unas 4 cucharadas de agua. Procesar hasta obtener una pasta cremosa. Añadir a la mezcla los garbanzos (reservando unos cuantos para la decoración), el jugo de limón , el perejil o cilantro, una pizca de sal y el aceite de oliva.

Procesar nuevamente hasta obtener un puré fino.

Verter al bowl de presentación y decorar al gusto.

Para mi versión de hummus original, decoré con perejil y, para la versión de Chile poblano, sòlo añadí un puño de rajas de poblano a la receta básica.

Preparar en casa nuestro propio hummus es barato, sencillo y hasta divertido ya que podemos añadirle cualquier sabor como chile chipotle, pimentón, ajo, y hasta aguacate.

Sí se animan, me cuentan còmo les fue. Feliz primavera.

Pastel sefardí de mandarina y almendras

Entre los regalos navideños que más estoy disfrutando se encuentra el libro “El país donde florece el limonero, la historia de Italia y sus cítricos”.

Escrito por Helen Attlee, una inglesa experta en jardines, este texto relata maravillosamente el origen de los cítricos, su llegada a Europa desde Asia y la forma como algunas de sus especies –como el limonero– se fueron asentando en tierras italianas. Sociología gastronómica de altos vuelos aderezada con sencillas e inusuales recetas.

Gracias a su lectura ahora estoy obsesionada con las naranjas sanguinas y las mandarinas de Sicilia, así como con los limoneros que crecen en macetas de barro a lo largo de la Toscana.

Es el libro perfecto para alguien –como yo– que necesita saber de dónde vienen los alimentos y las historias a su alrededor.

La acidez propia de los cítricos se equilibra con todo tipo de azúcares de variadas formas y en infinitas preparaciones. Aunque hay miles de recetas para panes y tartas a base de cítricos, en México disfrutamos especialmente los postres sencillos sabor a limón, como la Carlota hecha con galletas Marías, el Pay helado, los panqués glaseados o la nieve.

Entusiasmada con la idea de experimentar con recetas de otras latitudes como las que menciona Helen en su libro, di con el “Pastel de mandarinas y almendras” –un clásico de la comunidad sefardí*–, que pese a su sencilla y rápida elaboración tiene un sabor excepcional.

Aunque la receta original lleva naranjas, decidí prepararlo al estilo de Mikel Iturriaga –el blogero gastronómico de El País– que publicó esta versión con mandarinas en su columna semanal (https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2011/11/30/articulo/1322632800_132263.html).

Su elaboración es tan de “ABC”, que el sabor intenso y la textura densa resultantes, sorprenden gratamente.

Además, es un pastel “gluten free”, porque en lugar de harina lleva almendras en polvo. Tampoco tiene lácteos. Y por si fuera poco, el azúcar estándar que sí lleva, se puede reemplazar por Stevia.

No tiene pierde: es fácil de hacer, de bajo costo y el color naranja que le confiere la cáscara de mandarina, viste muchísimo cualquier mesa de té.

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Yo lo preparé para mi familia y para acompañar el café una de estas frías tardes invernales. También llevé uno más grande a una cena entre amigos. No duró ni diez minutos en la mesa. Fue un triunfo total.

No dejen pasar la temporada de mandarinas sin probarlo.

* Se llama así a los judíos que vivieron en España hasta 1492 y a sus descendientes, así como a aquellos judíos ligados a la cultura ibérica.

París Brest

Siendo niña disfrutaba mucho de un pan relleno de crema pastelera con cubierta de caramelo llamado “relámpago”, mismo que todavía hoy se vende en las pastelerías de mi país.

De adulta caí en la cuenta de que ese “pastelito” preferido de mi infancia era una versión tropical de los francesísimos pastelitos choux y eclaire.

Al aprender algo de repostería, probé otro pan dulce icónico de los franceses, que a mi juicio, representa el sumun de su pastelería: el París Brest.

Elaborado con masa choux, relleno de crema de praliné y coronado con almendras fileteadas, es un postre creado a principios del siglo XX en honor a la carrera de bicicletas que se realizaba entre las ciudades de París y Brest.

Su creador, el pastelero Louis Durand, quiso recrear en él una rueda de bicicleta. Desde entonces, la carrera y el postre son inseparables.

La elaboración casera no es fácil debido al relleno, ya que se elabora a partir de un praliné (una suerte de pasta hecha de almendras o avellanas caramelizadas y trituradas).

Supongo que esa es la razón por la que, en países como El Salvador, Guatemala y Perú, el pan se elaboraba en una versión más sencilla. En lugar de rellenarlo con la crema de praliné, se usaba crema pastelera simple, mientras que la superficie se cubría sólo con caramelo.

Era justo lo brillante y crujiente del caramelo, junto con lo suave de la crema, la combinación que de niña me hacía suspirar.

Para nuestra fortuna hoy no tenemos que ir hasta la Ciudad Luz para disfrutar de un verdadero París Brest.

Maison Kaiser www.maisonkayser.com, la cadena francesa establecida en nuestro país desde 2014, lo incluyó en su menú desde noviembre pasado.

Y por supuesto que, siendo mi postre favorito, ya lo probé. Me lo comí lentamente, disfrutando cada bocado, muriendo un poco cada vez.

Lo único malo es que resulta muy pequeño para compartir y, también, algo caro para repetir.

Sin embargo, de vez en cuando valdrá la pena gozar de estos maravillosos postres, clásicos y atemporales que yo, sin saber de su origen, amé desde niña.

Gracias @maisonkaysermex

Mousse de chocolate con frambuesas

Despedimos el 2017 con el menú clásico de la familia que incluye un “Bacalao a la Vizcaína” (estilo México ) y “Pastelitos de arroz” (Omochi), ésos con los que los japoneses reciben el Año Nuevo. Dos platillos que no pueden faltar en nuestra cena de fin de año.

Con los postres nunca me “he casado”. Cada año busco nuevas opciones en las pastelerías, o bien, yo misma preparo algo festivo.

Para las navidades no tuve tiempo de hornear y compré un Stollen ( ese pan alemán de frutas secas), que por cierto, resultó muy delicioso.

Para el 31 de diciembre , en cambio, quise concluir nuestra cena con un suave y delicado postre, por lo que preparé este “Mouse de chocolate semi amargo con geéle de frambuesas”, pues se “hace en un abrir y cerrar de ojos” y viste muchísimo cualquier mesa.

Aunque lo serví en vasitos desechables para mesa de postres -ya que hubo varios invitados-, lució muy bien.

También puede servirse en tazas de té para darle un toque más formal.

Aquí la receta.

Para la mouse.

Ingredientes:

-350 gr. De chocolate semi amargo fundido a baño María.

-400 gr. De crema para batir, montada.

– 6 yemas

– 6 claras batidas a punto de turrón.

– 200 gr. De azúcar

Preparación:

Batir yemas con azúcar hasta palidecer. Incorporar esta mezcla al chocolate fundido. Por último, Añadir separadamente la crema montada y las claras, cada una de ellas con movimientos suaves y envolventes.

Colocar en vasitos y refrigerar.

Para el geéle.

Ingredientes:

– un cesto de frambuesas frescas.

-el jugo de un limón

– 50 gramos de azúcar.

– 1 cucharada de grenetina disuelta en 1/4 de taza de agua.

Procedimiento:

Licuar las frambuesas con el jugo de limón y el azúcar, hasta obtener un puré.

Con la licuadora en proceso, incorporar lentamente la grenetina líquida.

Añadir unas tres cucharadas de geéle a cada mouse. Volver a refrigerar.

Finalmente, decorar cada postre con frambuesas frescas al gusto.

Disfrutar.

¡Feliz Año Nuevo!