Tarta de frangipane y manzana

Otra vez el otoño. Es la estación que me invita a hornear, celebrar, compartir, consentir y amar, aunque también me pone nostálgica. El suave viento y las hojas muertas que anuncian el final del año me impulsan a acelerar el paso para cumplir con los propósitos fijados a principios del año.

Pay manzana, tarta de peras, pay de calabaza, brioche de higo,  popovers de pera con queso azul y hasta quiche de hongos con romero son algunas de las delicias que vienen a mi memoria repostera cuando pienso en el otoño.

Para iniciar una serie de posts con sabor otoñal,  preparé una tarta frangipane con manzana, la cual disfruté con una enorme bola de helado de vainilla y un café bien cargado, en compañía de mi familia.

La tarta frangipane es clásica de la respostería italiana y su ingrediente principal es la crema de almendras. Se prepara con polvo de almendras, licor, mantequilla, yemas y azúcar. La base de la tarta es una pasta sucreé o brissé, la cual se rellena con la crema de almendras para luego acomodar en la superficie ya sea rebanadas de pera, manzana o melocotón.

Siendo esta la mejor época de las manzanas, seleccioné unas amarillas pues son menos ácidas que las verdes y dejan que se aprecie también el sabor y perfume de las almendras. Imagen

Hablando de hojas muertas, les comparto un video con bellas escenas otoñales en cuyo fondo se escucha mi canción favorita del otoño, por supuesto , Autumn leaves!

http://www.youtube.com/watch?v=–xW8HPJRY0

Dulcinea: cocina urbana, en el corazón de Polanco.

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No sólo por las innumerables reseñas positivas que había leído sobre su cocina  y servicio, sino también porque sus propietarios (los chefs Lucy y Leopoldo Acuña) fueron mis maestros de repostería europea y postres emplatados, desde hacía rato quería probar las ofertas de su restaurante. Como alumna fui testigo de su experiencia, dedicación y pulcritud. Con ellos aprendí a elaborar famosos pasteles como el Sacher, el Dobos y varios postres al plato, como una compota de ciruelas que pronto compartiré aquí con ustedes.

Así que, hace unas semanas, decidí ver de qué iba su restaurante que ya cumplió dos años en pleno corazón de Polanco. De entrada me pareció que el lugar era muy pequeño, sin embargo tiene onda, un ambiente casual y relajado. Siendo viernes, media hora después de nuestro arribo ya no había lugar disponible.

El menú ofrece comida mexicana con un toque moderno, nada pretensioso. Es, como ellos dicen, cocina urbana pero gourmet. De las entradas, las más populares: la alcachofa asada con queso de cabra, las chalupitas de pescado al pastor, así como los totopos de plátano macho que venían de guarnición en el plato que pidió mi hija y que de verdad están buenísimos.

De primer tiempo me decidí por la crema de flor de calabaza, mi esposo seleccionó el caldo verde que superó mi crema con creces, a la vista era un caldo efectivamente verde con un brunoisse de calabaza, pero al gusto fue una sorpresa deliciosa, refrescante. Como platos principales elegimos un pollito de leche con adobo de tamarindo, un pescado blanco del golfo al pastor con guarnición de arroz verde y plátano macho (sin duda el mejor de todos) y una arrachera al chimichurri de cilantro, todo acompañado con unas copas de Ensamble, porque digo, hay que apoyar la industria nacional, además maridaba muy bien con nuestros platillos.

Antes del postre la chef Lucy vino a nuestra mesa para saber cómo nos atendían, tuve oportunidad de saludarla y recordamos sus clases en la Anáhuac. Llegamos a la parte que a mí más me interesaba, la carta de postres!!! Mis maestros pasteleros no podían fallarme y así fue. Como estábamos ya muy satisfechos, decidimos probar el menú degustación, en el cual aparecen una tarta de limón, el creme brullé al café y un panna cota de coco con coulis de frambuesas, todo servido sobre una bandeja simple y bonita. Mi hija se decidió por un “frío caliente”: brownnie con helado de vainilla y coulis de frutos rojos, también muy sabroso.

Lo mejor, la tarta de limón: pasta sucree, crema pastelera con esencia de limón y merengue flameado. La galleta suave, fresca, la acidez del limón en la crema explota sutilmente en la boca y el merengue tostado apaga el dulzor. Increíble! A mi marido le gustó mucho el creme brullé con un elegante sabor a café. Sentí que al panna cota le faltaba intensidad en el sabor a coco, sin embargo, el coulis de frambuesa estaba exquisito.

Dulcinea (Oscar Wilde 29, junto al Pasaje Polanco), sin duda un buen lugar, honesto, bien servido, para la gente que quiere comer bien (comida verdadera, diría mi marido) con un toque gourmet , perfecto para el mes patrio.

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