I love you berry berry much (I): pavlova corazón de frambuesa

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La Pavlova es un postre que tiene como base un disco de merengue con bordes sobre el que se disponen crema batida y fruta fresca al gusto. Fue inspirado por la famosa bailarina rusa Anna Pavlova, en la década de los 20’s cuando ésta visitó Australia y Nueva Zelanda y desde entonces es considerado un postre típico de estos países. Por su ligereza y frescura es idóneo para el verano. El merengue base de la Pavlova debe ser crujiente por fuera y suave cremoso por dentro. Lo más común es decorarla con frutos rojos aunque también es común prepararla con una mezcla de frutas tropicales, incluyendo la fruta de la pasión.

Inspirada en el próximo Día del Amor y la Amistad, me puse manos a la obra y horneé una Pavlova en forma de corazón la cual cubrí con crema batida y  frambuesas frescas. Este postre puede ser el cierre perfecto de una cita romántica. Estarán de acuerdo conmigo en que una cena para dos debe ser ligera y afrodisíaca, como una antesala del amor.

La verdad es que la Pavlova es muy fácil y rápida de preparar, como los merengues. Sólo hay que echarle feeling al decorado. Acuérdense que el amor entra por los ojos Y ¿qué tal si la acompañan con una cava o un  Moet Chandon Rosé ¡Yo no probaría nada más antes del amor!  Pero si su ánimo es más amistoso que amoroso, otra opción es acompañarla con una infusión de frutos rojos.

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Aquí está la receta de una Pavlova tradicional, basada en la receta de Anne Wilson en su libro “Tartas y pasteles de queso”.

Ingredientes:

4 claras de huevo

1 taza de azúcar

½ cucharadita de vinagre blanco

½ cucharadita de esencia de vainilla

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Preparación:

Precalentar el horno a 120 C. Forrar una charola con papel siliconado y marcar un círculo de 20 cm. o bien,  hacer la figura de un corazón. Batir las claras a punto de nieve e incorporar poco a poco el azúcar y luego el vinagre y la vainilla; seguir batiendo hasta obtener un merengue espeso y brillante (aprox 10 minutos). Extender el merengue en el círculo, alisar con espátula y crear bordes con la punta redondeada de un cuchillo formando las paredes de la pavlova. Hornear por 15-20 minutos. Apagar y dejar enfriar en el horno. Montar la crema, extender sobre el disco y terminar con fruta fresca al gusto.

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Bittersweet sixteen: pastel mousse de zarzamora

ImagenPara celebrar  el cumpleaños 16 de mi hija, preparé un pastel mousse de zarzamora, una de sus frutas favoritas, después del mango. Por lo que sus dulces 16, sólo en lo que respecta al pastel,  fueron unos agridulces 16. Tratándose de una ocasión tan especial y aunque siempre ando corta de tiempo, decidí preparar el pan de acuerdo con la receta clásica de la genovesa de vainilla (genoise) aunque ello significara dedicarle más tiempo a la preparación y que subieran considerablemente las calorías. Para el mousse, usé las mejores zarzamoras, otro tanto de crema batida, grenetina, un poco de limón y azúcar. Como contaba con muy poco tiempo para decorarlo, opté por un sencillo espejo de gelatina usando el jugo que soltaron las zarzamoras después de macerarlas un rato con azúcar y limón.

Algo sencillo pero con todo el sabor agridulce de las zarzamoras, perfecto para los amantes del bittersweet.

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Quesadilla salvadoreña: nostalgia y sabores de mi infancia

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Después de probar cinco de las mejores Roscas de Reyes de la Ciudad de México (elaboradas por las pastelerías La Suiza, Maque, El Globo, Panmex y Superama Special Edition) mi fin de semana de Reyes se vio coronado con un delicioso y nostálgico regalo de mi tierra: la típica Quesadilla salvadoreña, un pan dulce elaborado con queso duro, leche, yemas, aireado con claras y rebozado con semillas de ajonjolí, antojo salvadoreño que se disfruta a toda hora, especialmente en el desayuno y la merienda.

Por su preparación se encuentra en la categoría de panqué o coffecake. Tradicionalmente se hornea en la clásica charola de bizcocho y se vende en piezas rectangulares. De textura esponjosa y sabor saladito y mantecoso, a la primera mordida me transporté a mi niñez, recordando los fines de semana que mis padres nos llevaban a cenar pupusas y rematábamos con una rebanada de quesadilla y un atole.

La humedad que le confieren las yemas, la esponjosidad de las claras batidas y el toque crujiente del ajonjolí dan como resultado un pan fácil de comer y, por lo mismo, adictivo (¡horror!). En la vasta panadería del centro de México no existe algo igual, lo más parecido sería el pie de queso, aunque éste lleva como base una pasta tipo sableé.

Al disfrutarla con un fresco y cargado cafecito estuve en la gloria de la gastronomía salvadoreña. ¡Gracias tío Paco y Adelita!

Aquí, la receta de Doña Vilma G. de Escobar en suComida Típica”, No. 8, pág. 144 (adaptada para México) por si se animan a probar algo de la panadería criolla centroamericana.

Quesadillas

2 tazas de harina cernida.

2 tazas de azúcar.

4 huevos.

250 gramos de margarina (ojo, debe ser margarina, no mantequilla) derretida y fría.

1 taza de leche.

2 tazas de queso rallado tipo Cotija o cualquier otro queso duro salado.

2 cucharaditas de polvos de hornear.

2 cucharaditas de ajonjolí.

Mezclar azúcar, yemas y 1/3 de la leche hasta blanquear. Incorporar poco a poco el queso rallado y el resto de la leche. Incorporar harina y polvos de hornear. Agregar margarina.

Batir claras a punto de nieve e incorporar a la mezcla con movimientos envolventes y suaves. Pasar a charola cuadrada, adornar con ajonjolí y hornear por 30 minutos a 180 C.

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