Coliflor a la parmesana

La coliflor, igual que su pariente el brócoli, es una de esas verduras con las que no se puede tener una relación a medias. La amas o la odias.

Por años, su aparición en la cocina se limitó a los caldos, cremas y encurtidos. Hoy es una sensación en Instagram, especialmente en sus versiones de “Cauliflower Steaks”, “Cauliflower rissoto” y “Cauliflower mash”.

Gracias a la ola vegana, low carb, healthy y anexas, actualmente es un alimento de inspiración para grandes cocineros, como el chef español Quique Dacosta, quien lo sirve en su restaurante de Alicante como “Arroz de coliflor, mollejas de oveja Guirra y boletus del Maestrazgo”, pero también lo cocina para sus hijos como una sopa, únicamente con mantequilla, agua y pimienta, procesándola en la Thermomix. Un plato que él llama “Crema de nieve” debido a su blancura.

He experimentado varias veces con el risotto de coliflor y la verdad que es que resulta buenísimo. A veces, también la proceso hasta obtener un “granulado” para mis ensaladas, dándoles así un toque crocante.

Aunque la coliflor tiene un sabor definido –algo terroso y almizclado–, es un alimento muy versátil que puede disfrutarse crudo, al vapor, crocante o muy cocido como para puré. Dependiendo del grado de cocción, su sabor se debilita o intensifica y obtiene “tonalidades” diferentes.  Por ejemplo, cocida al vapor rápidamente pierde algo de sabor. Pero, sí se asa o fríe, alcanza un toque “picante”.

A mí gusta en grado crocante, a medio cocer. Pero también cuando está muy cocida, casi como puré.

Hoy les dejo una receta que me compartieron mis amigos de @saborYcaracter. Aquí, la coliflor se une al queso, uno de sus mejores aliados con el que su propia dulzura se intensifica. Y si es con un Parmigiano Reggiano de alta calidad como los que ofrece esta marca de quesos en @MarcheDumas sobre la calle Alejandro Dumas, en Polanco, pues qué mejor.

Este plato fue desarrollado por la chef Alexandra Rendón, quien imparte un curso de cocina con quesos en el espacio Studio Gourmet.

Es súper fácil. Sólo recuerden usar ingredientes de alta calidad.  Chequen que su coliflor no tenga manchas. Debe estar de un blanco níveo porque ello significa que está en su punto. Lo mejor es comprarla en el mercado, de mañanita.

COLIFLOR A LA PARMESANA

Ingredientes:

1 Coliflor en rebanadas

1 Cebolla en rebanadas finas

250 g de queso parmesano reggiano de Sabor y Carácter

1 Taza de vino blanco

Sal y pimienta

Mantequilla

Modo de preparación:

  • Untar una cacerola o sartén profundo, generosamente con mantequilla.
  • Acomodar al fondo la coliflor.
  • Colocar encima la cebolla y salpimentar.
  • Espolvorear con el queso. Repetir las capas que sean necesarias.
  • Colocar por una orilla la mitad del vino.
  • Prender el fuego, cubrir y cuando hierva, bajar el fuego a lo mínimo y cocinar durante 40 minutos.
  • Añadir el resto del vino, cubrir y cocinar durante 40 min más.

¿Qué les parece? Perfecta para la comida del sábado con los amigos. Buen provecho.

¡A disfrutar!

París Brest

Siendo niña disfrutaba mucho de un pan relleno de crema pastelera con cubierta de caramelo llamado “relámpago”, mismo que todavía hoy se vende en las pastelerías de mi país.

De adulta caí en la cuenta de que ese “pastelito” preferido de mi infancia era una versión tropical de los francesísimos pastelitos choux y eclaire.

Al aprender algo de repostería, probé otro pan dulce icónico de los franceses, que a mi juicio, representa el sumun de su pastelería: el París Brest.

Elaborado con masa choux, relleno de crema de praliné y coronado con almendras fileteadas, es un postre creado a principios del siglo XX en honor a la carrera de bicicletas que se realizaba entre las ciudades de París y Brest.

Su creador, el pastelero Louis Durand, quiso recrear en él una rueda de bicicleta. Desde entonces, la carrera y el postre son inseparables.

La elaboración casera no es fácil debido al relleno, ya que se elabora a partir de un praliné (una suerte de pasta hecha de almendras o avellanas caramelizadas y trituradas).

Supongo que esa es la razón por la que, en países como El Salvador, Guatemala y Perú, el pan se elaboraba en una versión más sencilla. En lugar de rellenarlo con la crema de praliné, se usaba crema pastelera simple, mientras que la superficie se cubría sólo con caramelo.

Era justo lo brillante y crujiente del caramelo, junto con lo suave de la crema, la combinación que de niña me hacía suspirar.

Para nuestra fortuna hoy no tenemos que ir hasta la Ciudad Luz para disfrutar de un verdadero París Brest.

Maison Kaiser www.maisonkayser.com, la cadena francesa establecida en nuestro país desde 2014, lo incluyó en su menú desde noviembre pasado.

Y por supuesto que, siendo mi postre favorito, ya lo probé. Me lo comí lentamente, disfrutando cada bocado, muriendo un poco cada vez.

Lo único malo es que resulta muy pequeño para compartir y, también, algo caro para repetir.

Sin embargo, de vez en cuando valdrá la pena gozar de estos maravillosos postres, clásicos y atemporales que yo, sin saber de su origen, amé desde niña.

Gracias @maisonkaysermex

Adiós, mi dulce Waldorf Astoria

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Desde el pasado 1 de marzo, el emblemático Waldorf Astoria de Nueva York cerró “temporalmente” sus puertas, dejando atrás toda una época llena de glamour, esplendor y nostalgia, no sólo para los estadounidenses sino para todos los ciudadanos del mundo, románticos y cursis que, como yo, un día lo incluyeron en su “lista de lugares que visitar antes de morir”.

El famoso hotel, situado en el 301 de Park Avenue, en Manhattan, cuya fachada e interiores fue escenario y locación de películas como el “El gran Gatsby”, “Hanna y sus hermanas”, “Perfume de mujer” y “Mucama en Nueva York”, ha entrado en un proceso de remodelación y restauración que lo convertirán –dentro de unos tres años– en un hotel más pequeño y condominios de lujo.

Incluso si usted nunca puso un pie sobre los mosaicos de mármol con “La rueda de la vida” de su salón principal, de todas formas, seguro lo “conoce”, del mismo modo que “conoce” el Empire State, la Estatua de la Libertad o Central Park.

En el bellísimo edificio art decó que albergó al hotel por casi un siglo, confluyen la arquitectura, el diseño y la alta hostelería y gastronomía. Estar ahí es contemplar de golpe un cúmulo de bellas artes y tecnología que nos maravilla y asombra.

¿Cuántas historias de amor, pasión, traición, odio, política y negocios no se habrán fraguado en su hall, pasillos, tocadores y habitaciones de lujo? Estrellas de cine, gángsters, personajes de la realeza y políticos de todo el mundo hicieron de ese hotel su lugar de residencia temporal, como Marilyn Monroe durante la filmación de “La comezón del séptimo año” o el presidente Herbert Hoover. El ex presidente Bill Clinton celebró ahí su cumpleaños 50, en un acto a beneficio cuyo boleto tuvo un costo de 10 mil dólares por persona.

Parece que fue en ese hotel donde se crearon dos de los platos más conocidos de la gastronomía estadounidense: los Huevos Benedictine y la ensalada Waldorf, esta última compuesta por manzana ácida, apio, col o lechuga y nueces caramelizadas con aderezo de mayonesa casera.

Creada en las cocinas del hotel precursor al Waldorf-Astoria a fines del siglo XIX, esta sencilla ensalada ha sobrevivido a todas las épocas y modas gastronómicas al servirse aún hoy en todo el mundo, aunque con variantes como la de usar un aderezo más ligero a base de yogur o la de añadir otras semillas e ingredientes, como el queso azul. Aquí una receta que respeta la idea original del plato: www.directoalpaladar.com/recetas-de-ensaladas/ensalada-waldorf-receta.

En la famosa canción de Sinatra “You are the top” (1956) se compara a una mujer inalcanzable con lo más top como la Torre de Pisa, la sonrisa de Mona Lisa y ¡la ensalada Waldorf!

Por fortuna, antes de que los chinos cerraran el hotel tras comprarlo en 2014 y de que Trump llegara a la Casa Blanca, yo logré palomear al Waldorf-Astoria en mi lista de “lugares a conocer antes de morir” en septiembre pasado, cuando viajé a Nueva York para brindar por mi cumpleaños, justo ahí y en la contemplación absoluta de su magnificencia.

Aunque permanecí en el edificio si acaso dos horas, hacerlo significó para mí no sólo un sueño hecho realidad, sino también uno de los momentos más dulces y felices que he vivido. Llegamos al hotel al caer la tarde con la idea de tener ahí nuestra “happy hour”, antes de una función en Brodway.

Al ver nuestro aspecto latino y foráneo, un amable bar tender nos dio la bienvenida y llevó hasta nuestra mesa dejándonos la carta de bebidas y el deseo de que tuviéramos una gran experiencia Waldorf. El salón ya estaba a media luz, y de fondo sonaba una suave pieza de jazz y el murmullo de la clientela. En la mesa de al lado, tres bellas jóvenes con aspecto de modelos, vestidas de largo, tomaban tragos tipo martini en lo que parecía ser su pre copeo. Atrás, una pareja se tomaba de la mano mientras se contemplaba mutuamente sin decir palabra.

Las mujeres de mi vida y yo, ordenamos vino espumoso, vino rosado y unas rebanadas de su New York Cheesecake. Cuando llegaron las copas brindamos por mi cumple, por la vida y la fortuna de estar en un lugar tan preciado y para una ocasión única.

El cheesecake estaba tan bellamente presentado que sentí pena de hincarle el tenedor. La textura sedosa y el sabor, celestial. Lo cremoso y denso del queso pasó ágil por la boca gracias a la salsa de frutos rojos dispuesta como decoración a un lado de la rebanada.

Tras el brindis anduvimos por los pasillos, admirando los objetos detrás de las vitrinas llenas de cristal, porcelana, cubertería de plata y jarrones chinos. Después, caminamos hacia “La rueda de la vida”, el diseño circular con mosaicos de mármol –que ilustra el ciclo del nacimiento y muerte–, el mismo que dio la bienvenida a todos los visitantes y huéspedes del hotel desde 1939.

Parada al centro de la icónica obra de Louis Rigal, cerré los ojos y me hice la promesa de volver.

Para cuando pueda cumplirla, el Waldorf-Astoria ya no será más el hotel de bronce y mármol, champán y jazz que brilló con sus huéspedes VIP, pero yo tampoco seré la misma, porque así es la rueda de la vida, todo nace o se crea y vive su esplendor para luego apagarse, desaparecer o morir. Y sólo queda la leyenda.

Parece que la del Waldorf Astoria apenas empieza, pero en mi dolce álter ego vivirá por siempre el momento en que comí su dulcísimo Cheesecake Nueva York.

Maridando el amor


Aunque el Día de San Valentín fue originalmente una celebración religiosa, en la actualidad el 14 de febrero es un festejo básicamente comercial en el que lo único importante es vender rosas o chocolates. No obstante, como sucede con casi todas las celebraciones (religiosas o paganas), el Día del Amor y la Amistad es un pretexto para reforzar nuestros lazos amistosos y amorosos; una oportunidad para ponernos románticos.No en balde la industria restaurantera y hotelera tiene en esta celebración uno de sus mejores días. Desde los “love hotels” que promocionan paquetes con jacuzzi y juguetes sexuales incluidos, hasta los hoteles de gran turismo que invitan a un día de spa en pareja, la oferta del amor es casi para todo tipo de relaciones, bolsillos y gustos.

Pero como a mí el amor me llega a través de la buena mesa, hoy les traigo sugerencias para una cena romántica en los mejores hoteles de la CDMX. Ya ustedes juzgarán si después del champán vale la pena saltar a una suite (espero que sí).

 Hotel St. Regis

 (http://www.starwoodhotels.com/stregis/property/dining/index.html?propertyID=1735)

 Su restaurante Diana, ofrecerá la cena “Be my Valentine”, con 6 tiempos, incluyendo un “Aguachile de Jamaica”, una “Crema de cangrejo de Campeche”, un “Robalo con vinagreta de chayote” o un “Short Ribe ahumado con salsa de pasilla y naranja” y un “Helado de piloncillo”. Sólo el 14 de febrero a las 20:00 horas. Se requiere reservación (mil 600 pesos por pareja).

 En el Glass House Café, tendrán el Ritual “Té Amo”, un servicio de té a la inglesa con variedad de Finger sándwiches, Scones con crema y mermelada, variedad de pasteles por “Dulces Besos by Paulina Abascal” y por supuesto, una tetera de Te Dammann Frérres. Disponible del 13 al 17 de febrero, de las 13:00 a las 18:00 horas (370 pesos por pareja).

 W Hotel

 (http://www.starwoodhotels.com/whotels/property/dining/index.html?propertyID=1444)

 Paquete Valentine’s Day, que incluye un menú de degustación en el reconocido restaurante español J by José Andrés; una botella de la cava y fresas con chocolate en la habitación; un baño de temazcal y una sesión de hidroterapia en el Away Spa, así como el hospedaje en una de sus habitaciones (8 mil pesos el paquete. Reservación al 559138 1800).

 JW Marriot

 (http://www.espanol.marriott.com/hotels/hotel-information/restaurant/mexjw-jw-marriott-hotel-mexico-city/)

 En su afamado restaurante Xanat se ofrecerá el Menú San Valentín, que incluye una entrada de “Carpaccio de atún con sandía y espuma de albahaca”, plato principal “Mar y Tierra”, consistente en un filete de res con salsa de hongos y oporto, y langosta con puré de ajos rostizados, espárragos glaseados y aceite de trufa blanca. Como postre, un “Souffle de chocolate con helado de fresa y pistache”. Todo irá acompañado por una selección de vinos. (950 pesos + IVA, por persona. Reservación al 5999 0066).

 María Isabel Sheraton

 (http://www.sheratonmexicocitymariaisabel.com/es/gastronomia)

 Con la inigualable vista del Ángel de la independencia como escenario, su restaurante Amici tendrá el menú Amore a la carta, inspirado en el cine romántico, con cinco tiempos (950 por persona + IVA). También pueden extender el festejo después de la cena con opción a una noche en el hotel y tomar su desayuno bufett al día siguiente (5 mil 300 pesos por pareja. Reservaciones al 5242 5500, ext. 3718).

 Le Méridien

 (http://www.lemeridienmexicocity.com/es/restaurant)

 Su restaurante francés “C’est la vie” ofrecerá un menú de comida o cena con tres tiempos y una copa de vino espumoso (999 pesos por pareja. Reservar al 5061 3033).

 The Westin Santa Fe

 (http://www.starwoodhotels.com/westin/property/dining/index.html?propertyID=3099)

 El Paquete San Valentín incluye hospedaje en una habitación Premium, una cena para dos con copas de vino espumoso en el muy de moda Market Kitchen, restaurante del chef Jean-Georges Vongerichten, un delicioso desayuno y un relajante tratamiento de pareja con aceite de champagne en el Heavenly Spa. (Disponible del 10 al 14 de febrero, 7 mil 900 pesos por pareja. Reservación al 5089 8039).  

A domicilio

 Si usted y su pareja son del tipo que prefiere quedarse en la terraza de su apartamento o en el jardín de su casa, Sabor y carácter (http://www.saborycaracter.com) propone una cena romántica con maridaje de quesos y vinos a través de diferentes asociaciones.

 De acuerdo con el experto Olivier Bert, lo recomendable es contar con dos botellas de vino de calidad (la segunda de mayor calidad que la primera, para que todo vaya en crescendo), y que sea vino blanco, pues conjuga bien con varios quesos. De éstos, sugiere unos 4 o 5 de diferentes texturas y procedencias (de leche de vaca, oveja o cabra) y combinarlos con carnes frías, pan, mermeladas o ates al gusto.

 El paquete. Una experiencia única para tu pareja incluye los maridajes de quesos “Gouda añejo con higos y cerveza artesanal”, “Crottin de cabra con miel francesa y una botella de Chablis Saint-Jean”, “Morbier con avellanas y nueces y una botella de Malbec Héritage” (2 mil 450 pesos todo el paquete).

 También pueden adquirirse estos productos por separado y a su elección. Por ejemplo, una pieza de queso Crottin de Cabra (110 pesos) y una botella del vino blanco Chablis Chateau (826 pesos). Todo puede comprarse u ordenarse a domicilio en Marché Dumas (Alejandro Dumas 125, Polanco, Tel. 5280 1925).

 ¡Que tengan un feliz maridaje de vino y amor!

 

Las joyas de la corona, para todos 


Ninguna tradición originaria de España está tan arraigada en México como la del Día de Reyes y sus ritos. Como no viví aquí mi infancia, carezco de recuerdos como los de “la carta” o “el zapato” para los Reyes Magos. Seguramente ustedes guardan en su corazón infinidad de recuerdos y anécdotas al respecto.

Por fortuna, una de las formas que tiene México de recibir a cualquier extranjero con los brazos abiertos es seduciéndolo con sus tradiciones, especialmente con las que conllevan un gozo gastronómico. Es por eso que tengo viva la memoria de mi primera Rosca de Reyes y la fascinación que me produjo observar, en aquel tiempo, que el día 6 de enero todo giraba en torno a los juguetes que “habían traído los Reyes” y a la partida de la rosca en familia. Desde entonces no he faltado a la cita del ritual más dulce, que es gozo tanto de cristianos como de paganos. Más tarde también me sedujo conocer el simbolismo detrás del pan: la corona incrustada de piedras como las de los tres reyes magos.
No creo estar equivocada al considerar el Día de Reyes uno de los festejos más democráticos entre los habitantes de las zonas urbanas del país. De su significado y rituales se han apropiado no sólo las instituciones religiosas o el comercio, sino también –hoy en día– los gobiernos paternalistas. Vea usted que no sólo la iglesia o las agrupaciones católicas usan esta fecha para realizar actos de caridad con los niños, sino que también el jefe de gobierno de nuestra CDMX invita y encabeza la partida de la Mega Rosca del Zócalo (de mil 440 metros), donde se reparten alrededor de 250 mil porciones (para al menos el mismo número de votantes potenciales), “celebrando” así con niños y adultos capitalinos la llegada de Melchor, Gaspar y Baltazar.

Como sucede con todas las tradiciones que perviven, el ritual y sus objetos se transforman y adaptan a la época, y la Rosca de Reyes no es la excepción. De ser un simple pan de yema adornado con tiras de ate, azúcar y frutas cristalizadas, la corona de los reyes magos se ha convertido en un lienzo ideal para la inspiración y creatividad de los reposteros.

Ahora las grandes cadenas y pastelerías de autor compiten ferozmente entre sí, ya sea ofreciendo “sorpresas” adicionales al Niño Dios escondido en la masa, o bien, añadiendo al pan toppings y rellenos de vanguardia.

Y es que ahora sí que quedé helada al leer que la famosa tienda departamental española El Corte Inglés, en alianza con la empresa joyera Degussa, “premiará” a sus clientes con 250 pequeños lingotes de oro (de 1 gramo de oro puro con valor de 47 euros), así como con un premio mayor denominado el “lingote 251” (de una onza con un valor de más de mil euros), todos ocultos en algunas de las casi 400 mil roscas de reyes que espera vender durante la temporada. También una cadena panadera de Madrid premiará a los clientes con un diamante oculto entre las 20 mil roscas que producirá.

Mientras tanto, en México las grandes cadenas todavía no llegan al grado de ofrecer joyas en su pan y las excentricidades aún son exclusivas de las panaderías que aparecen anualmente en las ”listas de las mejores”, esas que producen pan artesanal con ingredientes de alta calidad y a las que sólo pueden acceder las clases medias con presupuesto para el entretenimiento y la recreación.

En un rápido recorrido por esas “roscas de autor” o de “edición limitada” encontré que la oferta no es el pan en sí mismo sino la combinación entre los rellenos y los toppings, cuyo resultado en algunos casos está tan alejado de una rosca tradicional que, si bien no llega ser un sacrilegio, por lo menos sí es una exageración.

La rosca rellena de chocolate amargo con decorado de cerezas y chocolate blanco de Sacher cake shop (330 pesos) no suena mal, aunque sin duda yo prefiero comerme una rebanada de su “Selva Negra”. La oferta de Garabatos es una rosca con relleno de ate y nuez (549 pesos), que tan sólo por su precio excesivo (y sobrado) dejaré pasar. Corazón de maguey en Coyoacán, ofrece una rosca de “Ponche” (350 pesos) y la verdad es que además de que tomé como dos litros durante las posadas, yo ya le di la vuelta a la página del 2016. Por el Niño Dios, es el ¡Día de Reyes!

Aunque es una cadena, desde hace unos años La Esperanza ofrece su rosca Premium de “Cheesecake” (240 pesos), la cual no probaría bajo ninguna circunstancia, ¡para eso está el Factory!

Sólo dos de estas novedades me convencieron: la rellena de crema muselina y topping de cerezas y almendras fileteadas de Jaso Bakery –que por primera vez vende roscas– cuyo pan no sólo sabe a mantequilla, sino que cuenta con una textura perfecta (580 pesos) y, la rosca “Hojaldre” con la que La Esperanza se reivindica y que elabora con la misma masa de sus cuernos (diferente a la masa brioche propia de la rosca) con relleno de crema pastelera (180 pesos). Otra rosca rellena que sí vale la pena es la de la Pastelería Suiza con una sedosísima crema de nata.

Creo que aquí las preguntas clave son, ¿por qué introducir más sabores a un producto cuya gracia radica en ser un pan y no un pastel? ¿Por qué pagar más de 500 pesos sólo por un decorado fashion?

Mis respuestas a esas interrogantes son: 1) La rosca es un producto que se “embebe” en café o chocolate y, por lo tanto, cualquier relleno o topping salen sobrando; 2) Las joyas democráticas del ate verde, rojo, amarillo e higo cristalizado (junto con el perfume de azahar) brillan lo justo y necesario para darle un toque acidito y glamoroso a cualquier rosca bien hecha.

Por eso, en mi casa este Día de Reyes se comerá la rosca clásica con joyas de ate y cobertura de azúcar, acompañada de un buen café oaxaqueño. Sólo me queda una duda por resolver: ¿quién será el mejor postor? Los candidatos son:

La Casita del Pan (240 pesos)

El Palacio de Hierro (285 pesos)

La Esperanza (desde 95 pesos)

Feliz Día de Reyes y Feliz Año Nuevo.

 

Mi “dorama” entre la señora Park y la señora Go

A principios de abril, la presidenta surcoreana Park Geun-hye estuvo en México. Como resultado de su visita oficial, se firmaron 17 acuerdos de cooperación y se fijó una agenda para la firma de un tratado binacional de libre comercio.

La primera presidenta de Corea del Sur es hija de un exdictador traicionado y asesinado en la década de los 70 y, pese a ello, en 2013 llegó al poder con las promesas −dirigidas especialmente a las clases medias− de reactivar la economía y defender el territorio nacional frente a los enemigos históricos: Japón y Corea del Norte.

Park, de 64 años, es una ingeniera soltera y sin hijos, apodada “la dama de hierro del oriente”, debido a su dura política exterior.

En nuestro país, desde hace una década, cierto grupo de jóvenes ha sucumbido a la cultura K-pop (performance donde confluyen la música, el baile y la moda coreanas). Especialmente las mujeres se han vuelto fanáticas de los doramas (series de 20 o 30 capítulos, equivalentes a nuestras telenovelas), un mundo del que −hasta hace poco− yo no sabía gran cosa.

Hace tiempo que dos jóvenes amigas me insistían en que viera alguno y en Semana Santa decidí asomarme a ese universo. Sin orden alguno, exploré los títulos disponibles en Netflix y elegí algunos destinados a público adulto. A medida que veía los doramas, me llamaron la atención muchas cosas de la cultura coreana, pero tomé nota de que en las tres series que he visto, hay una problemática recurrente: parejas clasemedieras que discuten o se divorcian a causa del empoderamiento de ellas, protagonistas más decididas, trabajadoras y tenaces que sus maridos. Estos son retratados como hombres que ya no saben cómo conducirse al dejar de ser los principales proveedores de sus hogares.

Pensé que quizá las familias clasemedieras retratadas ahí, con todo y sus lastres aspiracionales, fueron las que llevaron al triunfo presidencial a Park Geun-hye.

A juzgar por la sociedad retratada en el dorama ¡Salvando a la Señor Go! (Go, Mrs. Go!) (que es por mucho mi favorita), el Seúl de hoy lucha por conservar y honrar la cultura tradicional al tiempo que permean las políticas de inclusión.

La serie narra la vida de una ama de casa adinerada de campo, de unos 55 años, que al enviudar de forma repentina debe empezar una nueva vida en Seúl y, tras sortear muchos obstáculos, gracias a su talento como cocinera se convierte en una gran empresaria.

La hija mayor de la señora Go es una exitosa productora de televisión cuyo esposo −escritor y desempleado− asume el papel de ama de casa para cuidar a sus hijos, sin ser denostado por ello en su círculo familiar. También aparece en la serie una joven transexual que debe buscar la aceptación social, especialmente la de su padre exmilitar, un personaje que quizás encarna ese nacionalismo de los coreanos mayores que le dieron el poder a la señora Park.

A lo largo de la serie, que sucede en el barrio turístico, multicultural y bohemio de Itaewon, se observan con detalle aspectos que distinguen a la cultura coreana, como los karaokes y la tecnología cosmética, con énfasis en la gastronomía, por los platillos que va preparando la protagonista, y mi dolcealterego no podía dejar de admirar la piel prolija de las coreanas y desear probar alguno de sus platillos.

Por esa razón, después de la visita de la presidenta surcoreana y de disfrutar los doramas, ya con cierto entendimiento de esta cultura, me fui de tour por el barrio coreano de la Zona Rosa, donde podemos probar elkimchi (col china fermentada), el ramen, y disfrutar del soju (bebida alcohólica de arroz) (Restaurantes Biwon y Nadefo); cantar y tomar hasta el amanecer como los oficinistas de Itaewon (London Karaoke), gastar sin culpa en alta tecnología cosmética y dermatológica (Missha), beber café y morder pastelitos como hacen los enamorados de “Love again” durante una cita de amor (Coffine Gurunaro), admirar y disfrutar la panadería coreana (Baking History), en donde probé la torta de arroz arcoíris (pastel de harina de arroz con capas de colores), llamada Mujigae tteok que la señora Go prepara para celebrar acontecimientos importantes, o hasta cortarnos el pelo “en seco”,  un método diferente en Hair Charisma.

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Como pastelera, obviamente mi mayor disfrute fueron los cafés, y de Gurunaru me encantó el ambiente relajado, la oferta rara entre café y vino, deli y pastelería. Esta cafetería con una arquitectura diferente que resalta en la esquina de Florencia y Hamburgo tiene tres pisos, el último con terraza para fumadores y con dos salas privadas para eventos o juntas de trabajo.

matcha

Con mi taza de buen café, una rebanada de pastel mousse de té verde y la especialidad de la casa: el Honey Butter Bread (un pan de caja enorme horneado con mantequilla y bañado de caramelo con topping de crema batida) que moría por probar y me encantó, me sentí por un momento dentro de un dorama y soñé con el cutis que voy a lograr luego de ponerme las mascarillas de granada, flor de loto, té verde y lentejas que compré en Missha.

vitrina

Algún día pisaré esa península que logró llevar a una mujer a su silla presidencial. Mientras eso sucede, haré de esta frase que la señora Go, ya empoderada, pronuncia cuando sus hijos y amigos juzgan sus decisiones  −en cuya identidad femenina confluyen la Corea milenaria y moderna− mi lema personal:  “ Yo también tengo una vida propia“

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¡Annyeong haseyo!

La efímera belleza del Sakura japonés y sus dulces delicias

Entre marzo y abril el paisaje japonés se tiñe de un rosa sutil gracias al florecimiento del Sakura, el árbol de cerezo que florea sólo estos dos meses del año, durante las primeras semanas de la primavera, cuya efímera belleza es altamente valorada y honrada por los japoneses.

Seguramente quienes no han estado en Japón han contemplado esas flores en estampas y postales turísticas. En su honor, los japoneses realizan el Festival Hanami (contemplación de las flores) en el que amigos, compañeros de oficina y familias se reúnen en los parques para hacer un picnic a la sombra de los cerezos en flor y celebrar el renacimiento de la naturaleza.

cerezos-en-flor-en-japón-en-primaveraFoto tomada de Japonismo.com

Los cafés, tiendas departamentales, pequeñas boutiques y estaciones del tren adornan sus entradas e instalaciones con motivos alusivos a la pequeña y elegante flor, que también es utilizada profusamente en la repostería y confitería tradicional con creaciones y delicias que obviamente se ofrecen como edición limitada.

Los reposteros confeccionan pasteles, mousses, galletas y gelatinas con sabor y color de Sakura. Los confiteros elaboran delicados dulces típicos a base de harina de arroz y los colorean de un “soft pink”. En la actualidad, incluso se pueden encontrar los clásicos macarrones franceses con color y sabor de Sakura.

La cadena Starbucks lanza cada año un edición especial. Este 2016 ofrece el Sakura Blossom & Strawberry Frappé (su bebida especial) y el Sakura Chiffon Cake, un panque suave y aireado con topping rosa y decoración de flores (también la marca de sodas Pepsi ha lanzado esta primavera su bebida rosa especial “Sakura”).

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Durante la temporada del Hanami se producen toda clase de artículos con estampados de flor de cerezo, desde pañuelos de mano y kimonos hasta incienso con aroma de Sakura.

El sabor de la flor es muy peculiar. Muy al contrario de lo que uno podría imaginarse debido a su color de tono pastel, resulta un tanto agridulce, algo salado y ligeramente picante. Se trata de un sabor umami: imaginen un tomate maduro y jugoso que tiene toques de dulce y ácido a la vez.

En estos días llegaron a mis manos estas dos delicias japonesas, propias de la temporada. El primero es un dulce de harina de arroz con relleno de frijol dulce y, el segundo, unos cristales de azúcar color rosa Sakura. Ambos se comen para acompañar y mitigar la acidez propia del té verde, sobre todo cuando se sirve amargo.

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cristal sugra

Delicadas delicias, suspiros que no duran más que dos bocados, trozos de la exquisitez nipona.