Pastel sefardí de mandarina y almendras

Entre los regalos navideños que más estoy disfrutando se encuentra el libro “El país donde florece el limonero, la historia de Italia y sus cítricos”.

Escrito por Helen Attlee, una inglesa experta en jardines, este texto relata maravillosamente el origen de los cítricos, su llegada a Europa desde Asia y la forma como algunas de sus especies –como el limonero– se fueron asentando en tierras italianas. Sociología gastronómica de altos vuelos aderezada con sencillas e inusuales recetas.

Gracias a su lectura ahora estoy obsesionada con las naranjas sanguinas y las mandarinas de Sicilia, así como con los limoneros que crecen en macetas de barro a lo largo de la Toscana.

Es el libro perfecto para alguien –como yo– que necesita saber de dónde vienen los alimentos y las historias a su alrededor.

La acidez propia de los cítricos se equilibra con todo tipo de azúcares de variadas formas y en infinitas preparaciones. Aunque hay miles de recetas para panes y tartas a base de cítricos, en México disfrutamos especialmente los postres sencillos sabor a limón, como la Carlota hecha con galletas Marías, el Pay helado, los panqués glaseados o la nieve.

Entusiasmada con la idea de experimentar con recetas de otras latitudes como las que menciona Helen en su libro, di con el “Pastel de mandarinas y almendras” –un clásico de la comunidad sefardí*–, que pese a su sencilla y rápida elaboración tiene un sabor excepcional.

Aunque la receta original lleva naranjas, decidí prepararlo al estilo de Mikel Iturriaga –el blogero gastronómico de El País– que publicó esta versión con mandarinas en su columna semanal (https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2011/11/30/articulo/1322632800_132263.html).

Su elaboración es tan de “ABC”, que el sabor intenso y la textura densa resultantes, sorprenden gratamente.

Además, es un pastel “gluten free”, porque en lugar de harina lleva almendras en polvo. Tampoco tiene lácteos. Y por si fuera poco, el azúcar estándar que sí lleva, se puede reemplazar por Stevia.

No tiene pierde: es fácil de hacer, de bajo costo y el color naranja que le confiere la cáscara de mandarina, viste muchísimo cualquier mesa de té.

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Yo lo preparé para mi familia y para acompañar el café una de estas frías tardes invernales. También llevé uno más grande a una cena entre amigos. No duró ni diez minutos en la mesa. Fue un triunfo total.

No dejen pasar la temporada de mandarinas sin probarlo.

* Se llama así a los judíos que vivieron en España hasta 1492 y a sus descendientes, así como a aquellos judíos ligados a la cultura ibérica.

Muffins de chocolate “Abuelita”

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Los días son fríos en la Ciudad De México y se antoja algo muy dulce y calórico para acompañar el café. Una tarde fría en que debía ir a comprar chocolate para hornear unos muffins, empezó a llover a cántaros y pensé, ¿qué hago? ¿Cambiar de sabor y echar mano de lo que hay en la alacena? Repasando lo existente, encontré una caja de chocolate Abuelita, las tablillas de Nestlé para preparar bebida caliente y se me prendió el foco. ¿Por qué no hacer unos muffins de chocolate Abuelita? Inmediatamente busque mi Biblia de panquecitos –The Ultimate Muffin Book, ¡y puse manos a la obra! El resultado: ¡deliciosos y originales!

Ingredientes (para 12 muffins)

  • 2 discos de chocolate Abuelita
    3/4 de barra de mantequilla
    2 1/3 tazas de harina
    2 cucharaditas de royal
    Pizca de sal
    2 huevos
    1/3 de taza de azúcar morena
    1 taza de leche entera
    1/2 cucharadita de vainilla
    1/3 de taza de almendras molidas
    Almendras para decorar

Procedimiento

Precalentar horno a 200 grados. Juntar harina, royal y sal. Calentar la leche y la mantequilla sin hervir. Añadir el chocolate y disolver bien. Al bajar la temperatura incorporar huevos y vainilla. Incorporar a secos, solo a mezclar. Añadir almendras molidas.
Colocar en capacillos y adornar con una almendra. Hornear alrededor de 20 min. ¡Disfrutar!

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Tarta de frangipane y manzana

Otra vez el otoño. Es la estación que me invita a hornear, celebrar, compartir, consentir y amar, aunque también me pone nostálgica. El suave viento y las hojas muertas que anuncian el final del año me impulsan a acelerar el paso para cumplir con los propósitos fijados a principios del año.

Pay manzana, tarta de peras, pay de calabaza, brioche de higo,  popovers de pera con queso azul y hasta quiche de hongos con romero son algunas de las delicias que vienen a mi memoria repostera cuando pienso en el otoño.

Para iniciar una serie de posts con sabor otoñal,  preparé una tarta frangipane con manzana, la cual disfruté con una enorme bola de helado de vainilla y un café bien cargado, en compañía de mi familia.

La tarta frangipane es clásica de la respostería italiana y su ingrediente principal es la crema de almendras. Se prepara con polvo de almendras, licor, mantequilla, yemas y azúcar. La base de la tarta es una pasta sucreé o brissé, la cual se rellena con la crema de almendras para luego acomodar en la superficie ya sea rebanadas de pera, manzana o melocotón.

Siendo esta la mejor época de las manzanas, seleccioné unas amarillas pues son menos ácidas que las verdes y dejan que se aprecie también el sabor y perfume de las almendras. Imagen

Hablando de hojas muertas, les comparto un video con bellas escenas otoñales en cuyo fondo se escucha mi canción favorita del otoño, por supuesto , Autumn leaves!

http://www.youtube.com/watch?v=–xW8HPJRY0