Mermelada de tomate

El verano pasado me inicié en la elaboración de mermeladas. Todo empezó con el deseo de “enfrascar” las frutas de la temporada. Frambuesas e higos fueron las primeras que envasé.

Desde entonces he preparado distintas conservas de frutas, combinadas o con especies. La más exitosa ha sido la de guayaba con jengibre.

Hace semanas que tenía “clavada la espina” de preparar esta mermelada de tomate, ya que hace muchísimos años me regalaron una y mi memoria guardó un recuerdo agradable e intenso de su sabor.

Así que, para replicarla, elegí una receta de del chef pastelero y reconocido blogero David Leibovitz, la que él dice, es su mermelada casera favorita.

El sabor es inesperado porque la acidez propia del tomate no sólo no se pierde con el azúcar, sino que le confiere equilibrio y hasta una nota picante.

La receta original de Levobitz únicamente lleva pimienta negra., pero yo quise añadir las especies para darle un toque cálido y festivo.

Esta mermelada de tomate va muy bien untada sobre quesos maduros, o sobre un pan de centeno o ciabbata.

Es de esas preparaciones sencillas y de bajo costo con las que podemos sorprender y agasajar a nuestros invitados. Pruébenla. No se arrepentirán.

Ingredientes:

-1 kilo de tomates maduros y firmes

-2 tazas de azúcar

-Jugo de 1/2 limón

-Pizca de sal

-Canela, nuez moscada y clavo en polvo.

Procedimiento:

Escalfar los tomates. Retirar piel.

Partir cada uno en 4. Retirar semillas y pulpa, sin descartarlas.

Trocear los tomates en cuadros finos y Colocar en un bowl con el azúcar. Dejar reposar hasta que el azúcar se vuelva un jugo con la fruta.

Moler pulpa y semillas en modo puré y Pasar por colador para descartar semillas. Reservar.

Poner al fuego los tomates en el azúcar junto con el puré y el resto de los ingredientes.

Dejar cocinar a fuego medio , revolviendo cada tanto con pala de madera hasta lograr consistencia de mermelada. Aproximadamente una hora.

Envasar y disfrutar.

Además de fácil, está mermelada es un excelente regalo de Navidad.

Dulcinea: cocina urbana, en el corazón de Polanco.

Imagen

No sólo por las innumerables reseñas positivas que había leído sobre su cocina  y servicio, sino también porque sus propietarios (los chefs Lucy y Leopoldo Acuña) fueron mis maestros de repostería europea y postres emplatados, desde hacía rato quería probar las ofertas de su restaurante. Como alumna fui testigo de su experiencia, dedicación y pulcritud. Con ellos aprendí a elaborar famosos pasteles como el Sacher, el Dobos y varios postres al plato, como una compota de ciruelas que pronto compartiré aquí con ustedes.

Así que, hace unas semanas, decidí ver de qué iba su restaurante que ya cumplió dos años en pleno corazón de Polanco. De entrada me pareció que el lugar era muy pequeño, sin embargo tiene onda, un ambiente casual y relajado. Siendo viernes, media hora después de nuestro arribo ya no había lugar disponible.

El menú ofrece comida mexicana con un toque moderno, nada pretensioso. Es, como ellos dicen, cocina urbana pero gourmet. De las entradas, las más populares: la alcachofa asada con queso de cabra, las chalupitas de pescado al pastor, así como los totopos de plátano macho que venían de guarnición en el plato que pidió mi hija y que de verdad están buenísimos.

De primer tiempo me decidí por la crema de flor de calabaza, mi esposo seleccionó el caldo verde que superó mi crema con creces, a la vista era un caldo efectivamente verde con un brunoisse de calabaza, pero al gusto fue una sorpresa deliciosa, refrescante. Como platos principales elegimos un pollito de leche con adobo de tamarindo, un pescado blanco del golfo al pastor con guarnición de arroz verde y plátano macho (sin duda el mejor de todos) y una arrachera al chimichurri de cilantro, todo acompañado con unas copas de Ensamble, porque digo, hay que apoyar la industria nacional, además maridaba muy bien con nuestros platillos.

Antes del postre la chef Lucy vino a nuestra mesa para saber cómo nos atendían, tuve oportunidad de saludarla y recordamos sus clases en la Anáhuac. Llegamos a la parte que a mí más me interesaba, la carta de postres!!! Mis maestros pasteleros no podían fallarme y así fue. Como estábamos ya muy satisfechos, decidimos probar el menú degustación, en el cual aparecen una tarta de limón, el creme brullé al café y un panna cota de coco con coulis de frambuesas, todo servido sobre una bandeja simple y bonita. Mi hija se decidió por un “frío caliente”: brownnie con helado de vainilla y coulis de frutos rojos, también muy sabroso.

Lo mejor, la tarta de limón: pasta sucree, crema pastelera con esencia de limón y merengue flameado. La galleta suave, fresca, la acidez del limón en la crema explota sutilmente en la boca y el merengue tostado apaga el dulzor. Increíble! A mi marido le gustó mucho el creme brullé con un elegante sabor a café. Sentí que al panna cota le faltaba intensidad en el sabor a coco, sin embargo, el coulis de frambuesa estaba exquisito.

Dulcinea (Oscar Wilde 29, junto al Pasaje Polanco), sin duda un buen lugar, honesto, bien servido, para la gente que quiere comer bien (comida verdadera, diría mi marido) con un toque gourmet , perfecto para el mes patrio.

Imagen

Imagen