Mousse de chocolate con frambuesas

Despedimos el 2017 con el menú clásico de la familia que incluye un “Bacalao a la Vizcaína” (estilo México ) y “Pastelitos de arroz” (Omochi), ésos con los que los japoneses reciben el Año Nuevo. Dos platillos que no pueden faltar en nuestra cena de fin de año.

Con los postres nunca me “he casado”. Cada año busco nuevas opciones en las pastelerías, o bien, yo misma preparo algo festivo.

Para las navidades no tuve tiempo de hornear y compré un Stollen ( ese pan alemán de frutas secas), que por cierto, resultó muy delicioso.

Para el 31 de diciembre , en cambio, quise concluir nuestra cena con un suave y delicado postre, por lo que preparé este “Mouse de chocolate semi amargo con geéle de frambuesas”, pues se “hace en un abrir y cerrar de ojos” y viste muchísimo cualquier mesa.

Aunque lo serví en vasitos desechables para mesa de postres -ya que hubo varios invitados-, lució muy bien.

También puede servirse en tazas de té para darle un toque más formal.

Aquí la receta.

Para la mouse.

Ingredientes:

-350 gr. De chocolate semi amargo fundido a baño María.

-400 gr. De crema para batir, montada.

– 6 yemas

– 6 claras batidas a punto de turrón.

– 200 gr. De azúcar

Preparación:

Batir yemas con azúcar hasta palidecer. Incorporar esta mezcla al chocolate fundido. Por último, Añadir separadamente la crema montada y las claras, cada una de ellas con movimientos suaves y envolventes.

Colocar en vasitos y refrigerar.

Para el geéle.

Ingredientes:

– un cesto de frambuesas frescas.

-el jugo de un limón

– 50 gramos de azúcar.

– 1 cucharada de grenetina disuelta en 1/4 de taza de agua.

Procedimiento:

Licuar las frambuesas con el jugo de limón y el azúcar, hasta obtener un puré.

Con la licuadora en proceso, incorporar lentamente la grenetina líquida.

Añadir unas tres cucharadas de geéle a cada mouse. Volver a refrigerar.

Finalmente, decorar cada postre con frambuesas frescas al gusto.

Disfrutar.

¡Feliz Año Nuevo!

Mermelada de tomate

El verano pasado me inicié en la elaboración de mermeladas. Todo empezó con el deseo de “enfrascar” las frutas de la temporada. Frambuesas e higos fueron las primeras que envasé.

Desde entonces he preparado distintas conservas de frutas, combinadas o con especies. La más exitosa ha sido la de guayaba con jengibre.

Hace semanas que tenía “clavada la espina” de preparar esta mermelada de tomate, ya que hace muchísimos años me regalaron una y mi memoria guardó un recuerdo agradable e intenso de su sabor.

Así que, para replicarla, elegí una receta de del chef pastelero y reconocido blogero David Leibovitz, la que él dice, es su mermelada casera favorita.

El sabor es inesperado porque la acidez propia del tomate no sólo no se pierde con el azúcar, sino que le confiere equilibrio y hasta una nota picante.

La receta original de Levobitz únicamente lleva pimienta negra., pero yo quise añadir las especies para darle un toque cálido y festivo.

Esta mermelada de tomate va muy bien untada sobre quesos maduros, o sobre un pan de centeno o ciabbata.

Es de esas preparaciones sencillas y de bajo costo con las que podemos sorprender y agasajar a nuestros invitados. Pruébenla. No se arrepentirán.

Ingredientes:

-1 kilo de tomates maduros y firmes

-2 tazas de azúcar

-Jugo de 1/2 limón

-Pizca de sal

-Canela, nuez moscada y clavo en polvo.

Procedimiento:

Escalfar los tomates. Retirar piel.

Partir cada uno en 4. Retirar semillas y pulpa, sin descartarlas.

Trocear los tomates en cuadros finos y Colocar en un bowl con el azúcar. Dejar reposar hasta que el azúcar se vuelva un jugo con la fruta.

Moler pulpa y semillas en modo puré y Pasar por colador para descartar semillas. Reservar.

Poner al fuego los tomates en el azúcar junto con el puré y el resto de los ingredientes.

Dejar cocinar a fuego medio , revolviendo cada tanto con pala de madera hasta lograr consistencia de mermelada. Aproximadamente una hora.

Envasar y disfrutar.

Además de fácil, está mermelada es un excelente regalo de Navidad.

Estaré en casa para tomar hot chocolate, al estilo Williams-Sonoma

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Soy fan de las comedias estadounidenses cuyas historias de amor y desamor transcurren durante la época más fría y nostálgica del año, entre el Día de Acción de Gracias y Año Nuevo. Las escenas de  familias reunidas -desde  distintos puntos de la unión americana– alrededor de la cena de Acción de Gracias o Navidad, tomando vino y poniéndose al día de sus asuntos personales o peleándose entre sí, son las que más disfruto porque se “me hace agua la boca” con las delicias que disponen en la mesa como el clásico pavo o las salsas y postres a base de arándano y calabaza. Mi dolcealterego  suspira por  los dulces que aparecen en escenas navideñas como las galletas de mantequilla con mermelada o chocolate, así como por los clásicos peppermint bark (corteza de chocolate amargo en la base  y superficie de chocolate blanco con trozos de caramelo de menta), bastones de menta o canela,  malvaviscos y pretzels con chocolate, todos ellos dulces  gringos a más no poder. Y mi fascinación radica no sólo en el alimento en sí, sino también en la exaltación que los estadounidenses hacen de sus recursos naturales y derivados, signo propio de los países del primer mundo.

 La escena cliché  donde la protagonista enferma y deprimida, se sienta en un mullido sillón con una taza de té o chocolate humeante mientras ve una antigua película romántica (al estilo de la directora y productora Nora Ephron) siempre me han invitado a hacer lo propio, pero el “hot chocolate” de los gringos no es el mismo con el que nosotros acompañamos la Rosca de Reyes; el de ellos se prepara normalmente con cacao en polvo, y aunque algunas tiendas gourmet ofrecen desde hace tiempo este producto, no encontraba uno que me pareciera “genuino” hasta que supe que ya está en México la prestigiosa tienda Williams-Sonoma especializada en artículos de alta cocina y gourmet, cuyo blog y catálogo he seguido por años.

Por supuesto, ni tarda ni perezosa acudí a su sucursal en Oasis Coyoacán para admirar las vajillas navideñas, conocer su propia línea de implementos y suplementos para hornear, artículos de cobre, cristalería y los dulces navideños, especialmente la clásica corteza de chocolate con menta –peppermint bark- que viene dentro de una hermosa lata con diseño retro. Y como en las películas, todo se me antojó, pero  decidí adquirir sus dos productos estrella: la “Peppermint bark” (por $499.00) y una lata de “Hot chocolate” clásico (por $399.00) que no es cacao en polvo, sino ralladura de chocolate artesanal agridulce, calidad premium, con “intenso sabor, textura suave y exquisito aroma”.

No me importa que los psicólogos digan que ver películas románticas nos hace daño porque idealizan las relaciones de pareja y crean fantasías porque yo ya me enamoré a más no poder, sufrí por amor, me casé y tuve dos lindos hijos. Así que, esta Navidad estaré en casa para tomar chocolate caliente al estilo Williams-Sonoma mientras veo una y otra vez mis favoritas: “Sleepless in Seattle”, “Love, Actually” ,“The Stone Family”  y  “The Holiday”. Se antoja, ¿verdad?

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Kurisumasu keeki

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Saben bien que vivo fascinada por la pastelería japonesa. Esa combinación de aparente simplicidad en la forma y pulcritud en el fondo (o técnica) resulta simplemente adorable. Una mezcla que produce pasteles que sin ser rimbombantes como los de la alta pastelería francesa, si están elaborados con toda la perfección del método europeo.

Claro que siendo Japón un país de tradición shintoísta y budista, la Navidad no se celebra, como tal, en su sentido religioso. No obstante, desde mediados del siglo pasado, terminada la segunda guerra mundial y tras la invasión norteamericana, los japoneses adoptaron hábitos de la cultura estadounidense como el consumismo implícito en la época decembrina.

Al parecer, antes de la guerra ya se vendía en la famosa tienda Fujiya un dulce navideño decorado con perlas plateadas importadas, que únicamente podían comprar los ricos. Con la escasez de recursos de la posguerra, la tienda no podía conseguir las perlitas y comenzó a vender una sencilla torta con crema y fresas que poco a poco se fue popularizando.

Hoy día, las grandes tiendas y las pastelerías ofrecen su propio kurisumasu keeki, que no es más que un biscocho de genovesa de vainilla embebido con almíbar de licor de cerezas, relleno de crema batida y fresas, cubierto con crema batida y adornado con enormes fresas enteras y diminutas figuras navideñas, el cual se vende en tamaños pequeños y se ofrece como regalo de Navidad, principalmente entre las parejas. El pastel en sí es muy parecido al clásico Strawberry shortcake de los americanos, ¡pero con pinta de Fraisier parisino!

Lo que me encanta de este keeki es su minimalismo, y no sólo por el tamaño, sino por su decoración simple y pulcra, pero al mismo tiempo sutil y delicada.

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Mi propio pastel navideño al estilo japonés me encantó y fue muy sencillo de preparar. Sólo se requiere:

  • 1 Genovesa (método esponjoso caliente) de vainilla de 23 cm.
    Crema batida
    Almíbar con licor de cerezas (kirsh) o licor de naranja (Cointreau)
    8-10 fresas enteras
    8 fresas en rebanadas
    Adornos navideños, tales como coronas, arbolitos, santas ,etc.

Procedimiento

Partir la genovesa en dos. Bañar ambos discos con el almíbar. Untar un poco de crema batida a un disco y disponer las rebanadas de fresa alrededor. Colocar con el otro disco y bañar con el almíbar. Cubrir todo el pastel con crema batida de manera prolija y sencilla. Por último, crear en la superficie un borde decorativo al gusto y disponer al centro las fresas enteras boca abajo. Terminar el decorado con unos 2 o 3 adornos navideños y la leyenda de “Merry Christmas”.

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Regalitos “hechos en casa”: mini brownies con cereza

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No hay nada mejor que unos frescos y sabrosos brownies hechos en casa con la cualidad de las tres “b”: bueno, bonito y barato. Aún hay tiempo de prepararlos y tener un gesto amable con la secretaria del médico, el portero del condominio, la chica que nos atiende en el salón de belleza, la prefecta de la escuela o con cualquier persona que indirectamente nos haga la vida más amable durante el año.

Son tan fáciles de preparar que hasta podemos invitar a nuestros niños a elaborarlos con nosotros. Así, pasamos un tiempo con ellos y al mismo tiempo les enseñamos la importancia de compartir y agradecer.

Aquí la receta:

(Aprox. 18 mini brownies)

– Horno a 180 C

Ingredientes:                                                              Implementos:

150 gramos de chocolate amargo troceado               – Charola minimuffins

½ taza de mantequilla

2 huevos

¾ taza de azúcar mascabado

1 cucharadita de vainilla

½ taza de harina común

Pizca de sal

½ taza de cerezas marraschino troceadas

18 piezas de cereza marraschino para decorar

Azúcar cristal roja para decorar

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Pasos:

-Precalentar el horno.

-Derretir 75 gr. del chocolate y la mantequilla a Baño María y remover hasta que resulte una mezcla homogénea y brillante. Apartar.

-Batir azúcar y huevos hasta integrar.

-Agregar el chocolate y mezclar bien.

-Incorporar harina, sal y vainilla.

-Agregar cerezas troceadas y mezclar.

-Hornear aprox. por 25 minutos o hasta que, al introducir un palillo éste salga seco. Enfriar al menos 15 minutos antes de decorar.

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Decoración:

-Derretir el resto del chocolate.

– Verter aprox. una cucharadita de chocolate en la superficie de cada brownie.

-Decorar con una cereza previamente pasada por azúcar cristal.

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Colócalo en una linda caja con una nota de agradecimiento y deseos de felicidad.

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Del Fruitcake al Fitness Noel ¿lo amas o lo odias?

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Sé que el fruit cake es todo un tema en la Navidad. Con él no hay medias tintas: lo amas o lo odias. Conozco varias personas que lo desdeñan; supongo que les parece un pan menor y la verdad no los culpo, pues la mayoría de los fruit cakes comerciales son sólo un pan con pedacitos de fruta cristalizada, súper dulce y brilloso.

¿Lo amas? Si lo disfrutas, déjame decirte que un pastel de frutas secas de calidad debe prepararse con verdadera antelación para que los sabores de las frutas vayan madurando con los continuos baños de licor. Su sabor depende tanto de la calidad y cantidad de fruta seca como del tipo de ron o brandy utilizado; entre más añejo sea éste, mejor.

Mi Dolce alter ego prefiere los fruit cakes muy embebidos en alcohol, casi húmedos, elaborados con verdadera melaza, repletos de fruta. Por años he preparado para mi mesa navideña una receta de <em>Le Cordon Bleu</em>, en la que en lugar de llevar ron o brandy, contiene cerveza negra Guinness. Este “Pastel de cerveza” tiene pasas güeras y sultanas, orejones de pera y manzana, dátiles, cerezas, chabacanos, jengibre, cardamomo, pimienta, nuez moscada, mucha mantequilla y, por supuesto, la cerveza y un poco de brandy. Pienso que es sólo para gourmands atrevidos como yo, pues el resultado es un pan con intenso sabor a levadura, muy especiado. Gusta mucho a mi familia y definitivamente es un must de nuestra Navidad.

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¿Lo odias? Definitivamente piensas: ¿por qué he de comerme un budín si puedo disfrutar de un elegante Panettone o Pandoro?

Si tu peor pesadilla es que alguien te regale un fruit cake comprado en la tienda de los búhos cuando te parece demodé consumir harinas y azúcares refinadas, entonces tienes que probar mi versión súper light del pan de frutas secas. Es más bien una alternativa al fruit cake ya que no contiene alcohol, aunque sí los sabores especiados de la Navidad.

 Es mi Fitness Noel: cereal integral, sabores cítricos, fruta seca (chabacano, dátil, cranberry, pasas sultanas, orejones de pera y manzana, canela, nuez moscada, jengibre y clavo), brillo de chabacano y polvos de oro.¡Perfecto para el desayuno o la merienda de Navidad! ¿Se te antoja?

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