Pavlova con mango y arándanos 

Las jacarandas en flor, el sol brillante, una suave brisa y el canto de los pájaros conforman la escena con la que despertamos esta recién estrenada primavera quienes habitamos en la Ciudad de México.
Como nativa del trópico disfruto especialmente las estaciones de calor. Mi ánimo se eleva considerablemente a tono con la temperatura y me entusiasma hasta el colorido de las flores que encuentro a mi paso. El contraste de sus colores me inspira para preparar postres frescos y aireados y pienso en mousses, espumas, gelées y merengues.

De niña amaba comer “suspiros” (bocados ligeros de merengue). En la pastelería de mi calle los disponían en una charola y uno debía desprenderlos del papel manteca. Al llegar a México me enamoré del gaznate, ese rollo de harina delgada y frita relleno de merengue fresco. Los paseos por el barrio de Coyoacán no eran tales si no me compraba al menos uno. Años después conocí las “Islas Flotantes” y el elegante postre australiano “Pavlova” que hoy he preparado, inspirada en las flores moradas como las jacarandas que inundan las calles de la Ciudad de México, así como por el contraste del amarillo y el morado que tanto me gusta en los arreglos florales.

 Los mangos maridan muy bien con las cremas debido a sus propias sustancias lactonas. En esta Pavlova de mango y blueberry, los ácidos de ambas frutas se mezclan sorprendentemente con la untuosidad de la crema pastelera y el dulzor del merengue.
 Todo el conjunto explota en boca de manera fresca y equilibrada, igual que el sol y la brisa de esta primavera que ahora disfrutamos.
  
Tomé esta receta del libro “Tartas y pasteles de queso”, de Anne Wilson.
 En la imagen, la receta completa. Ojalá la prueben. Feliz primavera 2016.

I love you berry berry much (I): pavlova corazón de frambuesa

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La Pavlova es un postre que tiene como base un disco de merengue con bordes sobre el que se disponen crema batida y fruta fresca al gusto. Fue inspirado por la famosa bailarina rusa Anna Pavlova, en la década de los 20’s cuando ésta visitó Australia y Nueva Zelanda y desde entonces es considerado un postre típico de estos países. Por su ligereza y frescura es idóneo para el verano. El merengue base de la Pavlova debe ser crujiente por fuera y suave cremoso por dentro. Lo más común es decorarla con frutos rojos aunque también es común prepararla con una mezcla de frutas tropicales, incluyendo la fruta de la pasión.

Inspirada en el próximo Día del Amor y la Amistad, me puse manos a la obra y horneé una Pavlova en forma de corazón la cual cubrí con crema batida y  frambuesas frescas. Este postre puede ser el cierre perfecto de una cita romántica. Estarán de acuerdo conmigo en que una cena para dos debe ser ligera y afrodisíaca, como una antesala del amor.

La verdad es que la Pavlova es muy fácil y rápida de preparar, como los merengues. Sólo hay que echarle feeling al decorado. Acuérdense que el amor entra por los ojos Y ¿qué tal si la acompañan con una cava o un  Moet Chandon Rosé ¡Yo no probaría nada más antes del amor!  Pero si su ánimo es más amistoso que amoroso, otra opción es acompañarla con una infusión de frutos rojos.

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Aquí está la receta de una Pavlova tradicional, basada en la receta de Anne Wilson en su libro “Tartas y pasteles de queso”.

Ingredientes:

4 claras de huevo

1 taza de azúcar

½ cucharadita de vinagre blanco

½ cucharadita de esencia de vainilla

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Preparación:

Precalentar el horno a 120 C. Forrar una charola con papel siliconado y marcar un círculo de 20 cm. o bien,  hacer la figura de un corazón. Batir las claras a punto de nieve e incorporar poco a poco el azúcar y luego el vinagre y la vainilla; seguir batiendo hasta obtener un merengue espeso y brillante (aprox 10 minutos). Extender el merengue en el círculo, alisar con espátula y crear bordes con la punta redondeada de un cuchillo formando las paredes de la pavlova. Hornear por 15-20 minutos. Apagar y dejar enfriar en el horno. Montar la crema, extender sobre el disco y terminar con fruta fresca al gusto.

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